XXI
Kaixo!!
Sin más preliminares que ese, me dispongo a escribir mi siguiente entrada: EL HEMBRISMO.
[idea extraída de No somos tontas, de Asun Lasaosa]
Aunque no esté del todo de acuerdo con según qué ideas extremistas, esta me ha hecho mucha gracia. Es una vuelta de tuerca del feminismo. Ya no basta con la igualdad entre sexos, pues hemos estado demasiado tiempo sufriendo humillaciones públicas y privadas, siendo despreciadas sólo por el hecho de no ser hombre. Así, las y los hembristas piden unos cuantos siglos durante los cuales la balanza se desequilibre como lo ha estado haciendo siempre a favor de los hombres, pero esta vez, a favor de las mujeres. El sueño de una hembrista es que el día de una mujer cualquiera sea algo así:
"Levantarte un día por la mañana siendo la reina de los mares y encontrarte con que todo está, como por arta de birlibirloque, en perfecto estado de revista. Las zapatillas, al pie de la cama aunque tú las hibieras dejado dos pisos más abajo. El albornoz, en la percha de al lado, como si hubiera hecho solo el recorrido de vuelta desde donde se quedó tirado. En el cuarto de baño, todo ordenado, como si sólo tú vivieras en esa casa y encima te hubiera dado un ataque repentino de sonambulismo y te hubieras levantado por la noche sin enterarte a dejarlo todo como una tacita de plata. La ropa, extendida sobre la cama, sin ni siquiera haber pensado qué ibas a ponerte, perfectamente lavada y planchada. El desayuno, preparadito en la mesa. Hay tostadas y galletas que no has tenido que ir a comprar, leche caliente que no has metido tú al microondas y café recién hecho que es como si se hubiera autopreparado. Mientras desayunas y te fumas un pitillo, no te molesta nadie, porque por las mañanas, como te cuesta un poco despertarte, no estás de muy buen humor; por eso los niños están como desaparecidos, alguien los tiene retenidos y amordazados para que tengas tu rato de paz mientras te vuelve el alma al cuerpo y reúnes las energías necesarias para ponerte en acción.
Te dan un beso, te desean los buenos días y te dan los últimos retoques para que salgas de casa hecha un primor. En el coche te insultan bastante menos de lo habitual y puedes pasar por delante de una obra sin que te digan burradas. Es más, nadie te mira relamiéndose como si fueras el escaparate de una pastelería. Eres tú, al contrario, quien se permite el lujo de ir emitiendo opiniones acerca del físico de aquellos varones que se cruzan contigo: "Pedazo paquete tienes, chaval".
Llegas a trabajar y todas las personas que ejercen el poder son de tu mismo género. Por tanto, las conversaciones de los despachos importantes tienen que ver con cosas que te interesan y puedes participar con naturalidad y con la comodidad de quién está en su ambiente [...] Por fin llegas a tu sitio y tu secre te trae un cafetito, que para eso ha estudiado él secretariado -¿o tenía una carrera superior?; no me acuerdo bien, pero qué más da-, para que servidora no se moleste en buscar unos céntimos en el bolso ni en acercarse a la máquina y pueda aprovechar ese ratito para mirar con satisfacción el pedazo de despacho tan imponente que le han dado, así, como si nada, porque los que reparten el poder, los que lo tienen, son como ella y se entienden bien. [...] Llega la hora de comer y te vas con unas amigas al restaurante que más te gusta [...] Tu maridito, que es un amor, se encarga de mantener a la prole bien alimentada y estás mñas que tranquila sabiendo que los niños llevan una dieta la mar de equilibrada. Tú se lo has dicho muchas veces: nada de pastelería industrial, que tiene muchas grasas saturadas, y varias raciones al día de frutas y verduras, que hay que evitar la obesidad. Él cumple con tus indicaciones a rajatabla, porque tiene clarísimo que quien maneja bien las reglas de este mundo -en nutrición, como en cualquier otra cosa- eres tú. Qué va a saber él si casi no sale de casa."
¿Alguna hembrista? ¿Algún hembrista? :)
Agur!
Sin más preliminares que ese, me dispongo a escribir mi siguiente entrada: EL HEMBRISMO.
[idea extraída de No somos tontas, de Asun Lasaosa]
Aunque no esté del todo de acuerdo con según qué ideas extremistas, esta me ha hecho mucha gracia. Es una vuelta de tuerca del feminismo. Ya no basta con la igualdad entre sexos, pues hemos estado demasiado tiempo sufriendo humillaciones públicas y privadas, siendo despreciadas sólo por el hecho de no ser hombre. Así, las y los hembristas piden unos cuantos siglos durante los cuales la balanza se desequilibre como lo ha estado haciendo siempre a favor de los hombres, pero esta vez, a favor de las mujeres. El sueño de una hembrista es que el día de una mujer cualquiera sea algo así:
"Levantarte un día por la mañana siendo la reina de los mares y encontrarte con que todo está, como por arta de birlibirloque, en perfecto estado de revista. Las zapatillas, al pie de la cama aunque tú las hibieras dejado dos pisos más abajo. El albornoz, en la percha de al lado, como si hubiera hecho solo el recorrido de vuelta desde donde se quedó tirado. En el cuarto de baño, todo ordenado, como si sólo tú vivieras en esa casa y encima te hubiera dado un ataque repentino de sonambulismo y te hubieras levantado por la noche sin enterarte a dejarlo todo como una tacita de plata. La ropa, extendida sobre la cama, sin ni siquiera haber pensado qué ibas a ponerte, perfectamente lavada y planchada. El desayuno, preparadito en la mesa. Hay tostadas y galletas que no has tenido que ir a comprar, leche caliente que no has metido tú al microondas y café recién hecho que es como si se hubiera autopreparado. Mientras desayunas y te fumas un pitillo, no te molesta nadie, porque por las mañanas, como te cuesta un poco despertarte, no estás de muy buen humor; por eso los niños están como desaparecidos, alguien los tiene retenidos y amordazados para que tengas tu rato de paz mientras te vuelve el alma al cuerpo y reúnes las energías necesarias para ponerte en acción.
Te dan un beso, te desean los buenos días y te dan los últimos retoques para que salgas de casa hecha un primor. En el coche te insultan bastante menos de lo habitual y puedes pasar por delante de una obra sin que te digan burradas. Es más, nadie te mira relamiéndose como si fueras el escaparate de una pastelería. Eres tú, al contrario, quien se permite el lujo de ir emitiendo opiniones acerca del físico de aquellos varones que se cruzan contigo: "Pedazo paquete tienes, chaval".
Llegas a trabajar y todas las personas que ejercen el poder son de tu mismo género. Por tanto, las conversaciones de los despachos importantes tienen que ver con cosas que te interesan y puedes participar con naturalidad y con la comodidad de quién está en su ambiente [...] Por fin llegas a tu sitio y tu secre te trae un cafetito, que para eso ha estudiado él secretariado -¿o tenía una carrera superior?; no me acuerdo bien, pero qué más da-, para que servidora no se moleste en buscar unos céntimos en el bolso ni en acercarse a la máquina y pueda aprovechar ese ratito para mirar con satisfacción el pedazo de despacho tan imponente que le han dado, así, como si nada, porque los que reparten el poder, los que lo tienen, son como ella y se entienden bien. [...] Llega la hora de comer y te vas con unas amigas al restaurante que más te gusta [...] Tu maridito, que es un amor, se encarga de mantener a la prole bien alimentada y estás mñas que tranquila sabiendo que los niños llevan una dieta la mar de equilibrada. Tú se lo has dicho muchas veces: nada de pastelería industrial, que tiene muchas grasas saturadas, y varias raciones al día de frutas y verduras, que hay que evitar la obesidad. Él cumple con tus indicaciones a rajatabla, porque tiene clarísimo que quien maneja bien las reglas de este mundo -en nutrición, como en cualquier otra cosa- eres tú. Qué va a saber él si casi no sale de casa."
¿Alguna hembrista? ¿Algún hembrista? :)
Agur!
